Conferencia del Mons. Mario Cargnello, “Pan de Vida
en el Congreso Eucarístico N
acional (Tarija: 18 de septiembre de 2015)

Bernardo Pacheco
Voces Católicas Bolivia

Resumen

La eucaristía une a la Iglesia en torno al cuerpo de Cristo. Nos hacemos amigos de Jesús al alimentarnos de su cuerpo y sangre, a través de los cuales entramos en comunión con todos los miembros de la iglesia. La eucaristía tiene un significado universal en el que se engloban y confluyen todos los elementos de nuestro planeta (amor, humanidad, naturaleza, etc.).

Dios Padre nos hace una invitación real a sentarnos en su mesa en torno a la eucaristía, en la que estamos en verdadera comunión con Él. En esta cena se nos ofrece Él mismo como regalo de vida en forma del cuerpo y sangre de su hijo. Debemos pedirle al Espíritu que nos ayude a comprender este misterio descubriendo a Dios mismo dado para nuestra vida en la eucaristía.

Dios expresa su presencia entre nosotros mediante los símbolos que se utilizan en la eucaristía y mediante los cuales nos expresa su amor. Nosotros celebramos este regalo en la liturgia, pero no lo hacemos desde nuestra individualidad, ya que en la misma se encuentra TODA la Iglesia (Dios, la virgen, los ángeles, los santos, todos nosotros, etc.) que se conforma y está reunida en el cuerpo de Jesús.

Consideraciones previas

Aquí los apuntes de la conferencia ofrecida por el Arzobispo de Salta. Respetando el formato propuesto por Andres Eichmann para este conjunto de documentos que pretende rescatar las conferencias del Congreso Eucaristico, este documento no contempla el 100% de la conferencia debido a un par de cortes radiales. Además, no siempre hace discriminación en todas las ocasiones acerca de lo citado y lo dicho, en algunas ocasiones no se hace citas bíblicas precisas.  Se espera no desvirtuar el contenido.

Bernardo Pacheco

Voces Católicas

El Mons. Cargnello al iniciar la conferencia ha hecho varios apuntes en diferentes direcciones para delimitar el marco de la presencia en el Congreso Eucarístico señalando algunos puntos importantes a tomar en cuenta. Indicando que, sobre todo, la clave de la participación en el congreso es hablar-orar para poder comprender el misterio de fe que vivimos en la eucaristía. En el centro de esta conferencia se encuentran dos temáticas que son trasversales a su discurso: el amor y la vida. Ambas dirigidas a entender el misterio eucarístico en distintas dimensiones

Ha expresado primeramente la atención que se le debe prestar a la familia en torno al misterio eucarístico. La familia es la iglesia doméstica, en donde se cuidan a las generaciones, a los niños, jóvenes y ancianos. Es en donde aprendemos el don del amor que se hace presente en la eucaristía. Que importantes son las familias que asumen como trabajo enseñar la fe, que lindo es ver a los padres yendo a la misa con los hijos para hacerles partícipes de la celebración de la eucaristía.

Pero el amor tan amenazado hoy en día, las injusticias que se dan a nuestro alrededor son las que nos invitan a ser una Iglesia samaritana. ¿Cómo no ser samaritanos en un mundo dominado por las leyes del mercado que nos llevan al descarte? ¿Cómo no ser samaritanos en un mundo que no respeta a la mujer y que la denigra con la trata y tráfico? ¿Cómo no ser samaritano frente a tantas y tan dolorosas realidades que planean los problemas del mundo de hoy? Y aquí nos hace una invitación, que debería ser resultado de la reflexión de la fe y la eucaristía.  Nos invita a que frente al individualismo y el egoísmo, se cree una nueva globalización, la del amor. Dice “Tenemos que hacer de Latino América juntos el continente del amor”.

Por otro lado hace referencia a Bolivia como país anfitrión del Congreso, resaltando y agradeciendo la gran bienvenida hecha al Papa Francisco. Y en este sentido hace una exaltación al Medio Ambiente (en el  marco de la Laudato Si´) al ser Bolivia uno de los países con mayor biodiversidad, nos invita a cuidar la naturaleza y ponerla en dialogo con la cultura, a cuidar la casa común. Y explica la importancia de esto mediante la experiencia de Juan Pablo II que después de haber celebrado la eucarística en los escenarios más variados  (playas, montes, plazas, ríos, valles, etc.) ha podido entender el significado universal y cósmico de la misma.

Considero que la reflexión, como él señala, va dirigida a que en la eucaristía es el espacio en donde converge y confluye todo (El amor, la familia, la naturaleza. A esto se refiere con universal), y se une en Cristo.

La eucaristía unidad de la Iglesia entorno al cuerpo de Cristo.

Monseñor hace referencia a Benedicto XVI cuando nos dice que “la unidad de la iglesia es esencialmente eucarística”. Encara esta parte diciendo que la fe es el vínculo interpersonal que nos hace amigos con Cristo. Y esta amistad se fortalece en el pan y vino, cuerpo y sangre, comida y bebida, que nos une en un solo cuerpo que es la Iglesia. Cristo nos convoca a ser uno, quiere convertirnos desde adentro para entrar en comunión con él y con los demás a través de su cuerpo.

Gracias a la eucaristía la Iglesia nace, se fortalece y renace en cada una de las almas. La Iglesia crece en nuestro espíritu y mientras más se fortalece en cada uno, la Iglesia crece más.

Dios mismo, regalo dado en la eucaristía  

En la eucaristía, al que se nos entrega es al mismo Dios. Cristo no ha decidido regalarnos un objeto, se da él mismo. Él es el hijo Dios, el pan que el Padre ha entregado. Jesús nos dijo “les aseguro que no es Moises el que les ha dado el pan, es mi Padre el que les da el pan vivo”. “Yo soy el pan de vida”. En la eucaristía está el verdadero Cordero inmolado que da la vida por sus amigos.

Pero tenemos que preparar un corazón bien dispuesto para entender este regalo. Para celebrar la eucaristía y recibir a Jesús Dios verdadero. El Espíritu es el que nos ayuda a lograrlo, él nos une a Cristo y al mismo tiempo con nuestros hermanos, para que toda la asamblea reunida en la misa sea una sola Iglesia.

En la eucaristía todos nos sentamos verdaderamente a la mesa de Dios nuestro Padre, como invitados en la amistad con Jesucristo. Cuando la celebramos, cada uno revive y renueva este misterio que nos da fuerza para seguir adelante. Debo pedir que el Espíritu Santo me ayude a hacer presente y actualizar la celebración  para entender qué es lo que Dios presente me quiere decir en este momento.

TODA la Iglesia está reunida en la celebración eucaristía.

La unidad de la Iglesia es real en la eucaristía que se celebra en los templos y las capillas. Esta crea la comunión que es don de Dios, una gracia, estar unidos entre todos los hermanos a  través de Cristo. Por eso la eucaristía es un misterio que celebramos. Antes del concilio decíamos asistir a misa (ir a presenciar), después decíamos participar (hacernos parte). Pero en el nuevo catecismo se incluye celebrar. En la liturgia, el amor de Dios viaja a nosotros y nosotros lo celebramos. El desafío es poner en el centro de la vida de la Iglesia a la eucaristía para que la celebración del amor de Dios nos mantenga unidos en él.

El catecismo responde cuatro preguntas respecto a la eucaristía: ¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuándo? y ¿Dónde?  Celebramos la liturgia. Y en el quien, el catecismo dice que TODO el cuerpo de cristo celebra. En la capilla más humilde estamos todos en la Iglesia celebrando (La Virgen, los satos, los ángeles, etc.). La misa no la celebra solamente el padre o los asistentes, la celebramos todos porque la celebra Cristo en quien todos somos uno. El padre solamente la preside delante de nosotros en nombre de Dios. Nada es superior a poder celebrar la eucaristía. La liturgia no es una celebración privada, se hace en comunidad y la debo hacer consiente, activa y fructuosamente. Por eso es lindo cuando la comunidad canta y reza porque de modo consciente celebra.

Dios se hace presente en la eucaristía mediante signos

Dios está verdaderamente presente, se une a nosotros y nosotros a él mediante los signos que nos regala en la liturgia. El agua, el pan, el vino, el aceite, etc. son los que nos hacen sentir la presencia de Dios. Nosotros agregamos otros signos como las flores o la música que nos lleva a rezar junto con nuestros hermanos, a alabar y celebrar a Dios con nosotros. La misma comunidad es un signo de Jesús en medio nuestro porque se cumple lo que ha prometido “cuando dos o más se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo”.

¿Si entrara un ateo a nuestra celebración que diría? Una vez un pastor evangélico fue a misa y empezó a frecuentarla y se convirtió. Porque descubrió grandes signos en la eucaristía y ahí encontró a Dios.

 

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