Comentario a la Conferencia “Caridad y misión”
de Mons. Jesús Juárez

Claudia Acosta – Andrés Eichmann
Voces Católicas Bolivia

Resumen:

Mons. Jesús siguió el método de los “tres pasos”. Primero ver. Los desequilibrios sociales vienen ligados al triunfo de los antivalores. Las carencias materiales y espirituales son un llamado para todos. Jesús anima: “denles ustedes de comer”.

Juzgar. El pan en el que Cristo se nos da como alimento nos orienta al compromiso social. Debemos superar el individualismo egoísta, con su lógica del descarte, y abrirse a las necesidades de nuestros hermanos.

Actuar. No es tarea de la Iglesia “tomar partido” o proponer soluciones técnicas concretas. Pero ante situaciones y hechos que afectan a la vida de las personas no puede ni callar ni quedar inactiva. Se desvive ante las necesidades humanas.

 

Método de la propuesta

En otras intervenciones de este V Congreso Eucarístico hemos visto que la Eucaristía es comunión del Cuerpo de Cristo y a la vez compromiso en favor de los hermanos con quienes  compartir el pan y ayudar en sus necesidades. Son como dos dimensiones que se compenetran mutuamente.

En su exposición, Monseñor Juárez propuso, como método de aproximación a esta perspectiva, el método que diseñó el Card. Cardijn para la Juventud Obrera Católica de Bélgica en la primera mitad del siglo XX, el cual se condensa en el lema “ver, juzgar y actuar”. Método muy valorado por San Juan XXIII y asumido por la Iglesia Latinoamericana en las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano (ver Documento de Aparecida, núm. 19). Jesús, que multiplicó los panes, es el mismo que quiere quedarse en la Eucaristía. La Eucaristía nos hace salir del individualismo. La Eucaristía es pan de vida, bendecido, partido y distribuido para los demás.

Ver

Monseñor Juárez se refirió al hambre material y al hambre espiritual. “Denles ustedes de comer” (Marcos 6, 37). En el pueblo boliviano son evidentes las carencias materiales y espirituales. El hambre material se encuentra en un 17,8 % de personas en situación de pobreza extrema. Del resto hay un porcentaje de entre 30 y 40 de pobreza moderada. El 45% de población es pobre, con necesidades básicas insatisfechas; y la pobreza en áreas rurales supera el 70%.

A continuación formuló una pregunta que hizo de cable a tierra: “¿Cuántos de ustedes conocen los documentos emitidos por los obispos de Bolivia sobre la pobreza y desigualdad económica?” Con estas palabras el expositor nos hizo considerar lo importante que es estar familiarizados con la voz de los pastores, con la Conferencia Episcopal Boliviana, con los análisis que resultan de sus desvelos por el pueblo.

Señaló que, según la FAO, Bolivia logró bajar porcentajes de pobreza el año 2015. Bolivia está entre los 72 países que lograron una reducción de la pobreza. Sin embargo, añadió, aún hay personas que sufren hambre en el país. El hambre se debe a la mala distribución de los bienes. Basándose en la encíclica Laudato Si’ y en mensajes del Papa Francisco en Bolivia, denunció esa lógica de dejar espacio para pocos, descartando a quienes no son productivos. Jesús nos dice “no es necesario excluirlos” (Francisco: homilía en la Misa del 9-7-2015), es necesario que ustedes les den de comer. Basilio de Cesarea hablaba del “estiércol del diablo” (Papa Francisco en el Mensaje a los Movimientos populares, 9-7-15), para referirse al capital cuando se convierte en ídolo, cuando destruye la fraternidad humana. Porque pone en riesgo nuestra casa común y se produce un daño social. Así se vulnera el derecho humano y constitucional a la alimentación. Al ser un derecho reconocido por nuestra Constitución, eliminar el hambre y reducir la desnutrición es deber del Estado boliviano.

Se refirió también al hambre espiritual. La peor discriminación que sufren los pobres es la discriminación espiritual. Los pobres tienen una especial apertura a la fe, y deben ser atendidos en temas religiosos. Que no les resulte difícil el acceso a los sacramentos, ni alimentarse y crecer espiritualmente. No podemos negarles nuestra amistad y fraternidad. El fenómeno de la globalización (un signo de los tiempos), trae beneficios y perjuicios en la vida personal, familiar y social. Algunas personas caen en la drogadicción por vacíos existenciales, buscando llenarlos con las drogas.

Las dos formas de hambre a menudo vienen juntas. La lógica de la competencia, que invade todos los niveles de la sociedad, bloquea la reciprocidad. Monseñor Jesús enumeró problemas interconectados, que provienen de esta lógica que genera a la vez miedo y ansiedad, desempleo, desequilibrios sociales, junto con el atractivo de grandes ganancias, el erotismo exacerbado, la falsedad del culto a la apariencia. Trae consigo la crisis de valores éticos, el triunfo de antivalores, el olvido del bien común; la corrupción, el individualismo, el consumismo. Todos estos son factores que afectan profundamente a la familia y a la educación en Bolivia. Esta crisis afecta también a organismos de Estado, que no desempeñan a cabalidad sus funciones, e incluso a la misma Iglesia, cuando no es testimonio de caridad y justicia en la transmisión del kerygma.

Ante tales situaciones, indicó Monseñor Juárez, lo que hay que hacer es escuchar la voz del Señor que nos dice “conviértanse y crean en la buena noticia” (Marcos, 1, 15).

Juzgar

Volvió sobre la idea de fondo de esta homilía: el que cuida a sus hermanos con verdadera entrega y con compromiso social, participa con mayor plenitud en el sacramento del Cuerpo de Cristo. Las palabras del Señor arriba citadas (“Denles ustedes de comer”) permiten ver la Eucaristía desde  muchas perspectivas: bíblica, teológica, y también desde sus implicancias sociales. Abordó este último aspecto, apoyado en la consideración del pasaje en el que Jesús llega a la Última Cena con sus discípulos.

En la Cena Jesús dijo “ámense los unos a los otros” (Juan, 13, 34). La Eucaristía es un acontecimiento antropológico de dimensión comunitaria, al compartir el Pan de Vida. Nosotros también partimos y compartimos el cuerpo de Cristo, alimento del alma. El pan que ofrecemos es presencia real de Jesucristo, y ésta nos orienta hacia el compromiso social. Qué lindas son las procesiones de Corpus Christi en nuestra Bolivia. Pero la alegría de compartir entre hermanos es más completa cuando se extiende a los más necesitados. La espiga y el racimo que se trituran, siendo materias de la Eucaristía, han de llevar a la comunión con los hermanos que pasan hambre material y espiritual. Cuando los cristianos trabajamos para alcanzar la paz, la justicia, la caridad, podemos celebrar con más fuerza esta eucaristía.

El Papa, en la homilía del Cristo Redentor en Santa Cruz, nos dijo que Jesús no acepta el descarte. Tomar pan, partirlo y distribuirlo, tres acciones mediante las que Jesús “logra transformar la lógica del descarte en una lógica de comunión, en una lógica de comunidad”, del compartir.

Las grandezas de un pueblo se ven cuando los publicanos y las prostitutas comparten la mesa de las familias. Estamos acostumbrándonos a comer solos. No es suficiente estar conectados en las redes sociales. El sueño de Dios Padre es compartir con todos sus hijos en la mesa de la Eucaristía. Nos invita a ir contra algo que hoy hace verdadero daño a las personas, familias y sociedades: el individualismo, el egoísmo. En la celebración eucarística, el centro es Jesús, que es comida y reino. La mesa compartida es el mejor símbolo de su reino de amor, justicia, paz y libertad. No podemos no pensar en gente que hoy sufre martirio, persecución por defender el reino de vida, de santidad, de esperanza.

Esta parte de la exposición de Monseñor Juárez fue un llamado a que los católicos hagamos examen de conciencia ya que, desde la perspectiva que propuso, “juzgar” supone hacer una suerte de balance de nuestra apertura diaria a las necesidades de nuestros hermanos. Dicho balance es, a la vez, factor de estímulo para el siquiente paso, en el que presentó objetivos concretos y ambiciosos.

Actuar

La Eucaristía es el centro de toda comunidad cristiana viva. La Eucaristía es raíz y exigencia de toda actividad solidaria. Por eso cuando oramos por la Iglesia, pedimos: “llévala a su perfección por la caridad”. Es importante comprender la caridad en una visión integral: kerygmática, litúrgica y diaconal, de asistencia (esta última) a las personas.

Es misión de la Iglesia velar por el bien común. Todos hemos escuchado tantas veces: “que los sacerdotes no salgan de la sacristía, que no se metan en política”. Eso no va.        Los católicos de hoy, teniendo claro que no nos toca (en tanto Iglesia) tomar partido por determinados modelos económicos, ni plantear soluciones técnicas concretas, sí debemos  orientar el manejo de la economía y del estado. Los pastores sí tienen, tenemos, derecho a emitir opiniones sobre aquello que afecta a la vida de las personas. No es correcto decir que la religión debe recluirse al ámbito privado y que solo debe ocuparse de la salvación de las almas, porque  “evangelización y promoción humana es un binomio inseparable” (causa de beatificación del Cura Brochero).

Jesús dice “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado para llevar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar la libertad a los presos y dar vista a los ciegos; poner en libertad a los oprimidos; a anunciar el año favorable para el Señor” (Lucas 4, 18). El numeral 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que firmó Bolivia en Costa Rica, establece que “toda persona tiene derecho a elegir libremente su religión” y expresar su fe públicamente. Y nuestra fe no puede expresarse sin ese compromiso a favor del bien común. La vida cristiana tiene repercusión social. La iglesia hace una opción por los pobres.

El Papa Francisco pidió “una iglesia pobre para los pobres”. Es tiempo de recordar sus hermosas palabras en el II Encuentro Mundial de Encuentros Populares: “ninguna familia sin vivienda, ningún campesino sin tierra, ningún trabajador sin derechos, ningún pueblo sin soberanía, ninguna persona sin dignidad, ningún niño sin infancia, ningún joven sin posibilidades, ningún anciano sin una venerable vejez”.

Un espacio concreto de la caridad organizada es promover las Cáritas parroquiales, esos servicios sociales (con la denominación que tengan) cuya misión es hacer visible la preferencia de la Iglesia por los pobres. En la iglesia existe un gran potencial de voluntariado, que autentifica la caricia de la Iglesia a los más necesitados: enfermos, migrantes, damnificados por incendios, accidentes, robos, etc. Con él se puede promover una economía solidaria y también la defensa de los derechos de niños, niñas, adolescentes y adultos mayores que sufren violencia.

Mons. Juárez enumeró acciones que recomienda el documento “Enfoques y directrices”, de la Conferencia Episcopal: sensibilización de párrocos, promoción de voluntariados, planes parroquiales. Es importante que todos los voluntarios de nuestras parroquias sepan cómo define el documento de Puebla al voluntario: “cimentado en una intensa vida espiritual, sólido en su fe, agudo en discernimiento crítico”.

Finalmente se refirió a una de sus labores predilectas, de la que es responsable directo, la Pastoral Carcelaria. Nos animó a que nos sentemos con los pecadores en la misma mesa. ¿Cuántos católicos hoy señalan, acusan y discriminan al hermano encarcelado, procesado por la justicia humana? Cuánto falta para que hagamos vida las palabras de Jesús, a ejemplo de las primeras comunidades cristianas.

Jesucristo, Pan partido para la vida del mundo, nos anima. Sigamos el ejemplo de María, llamada por San Juan Pablo II mujer eucarística. Que Ella nos lleve a ser auténticos testigos y misioneros de este gran misterio para la fe y vida cristiana.

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